CIREPI

¿DESREGULACION FINANCIERA?'

 EL LEGADO DE TOBIN

 La crisis económica mundial pone en evidencia una verdad harto conocida: la desregulación y la automarginación del Estado en las determinaciones financieras constituye un pecado capital.

 Hoy quiero recordar a un notable pensador norteamericano, porque el pensamiento de un economista se extingue cuando ya nadie apela a su recuerdo, a su invocación.

 Fue en marzo del 2002  cuando una noticia se hizo sentir en los escritorios del Fondo Monetario Internacional (FMI),Banco Mundial (BM), en las universidades del mundo y, naturalmente, en Wall Street: el fallecimiento de James Tobin. Tobin, Premio Nóbel de Economía (1981),  falleció en el 2002 a la edad de 84 años.

Su muerte se produjo en tiempo de recesión de la economía norteamericana   y bajo  los efectos perturbadores que sobre las actividades productivas, comerciales y financieras generaron los trágicos actos terroristas del 11 de septiembre/2001 sobre la geografía de EE.UU.

 Tobin fue un economista norteamericano que siempre se opuso al culto del mercado como único factor de redistribución de ingresos al interior de una economía y abogaba por un reconocimiento del espacio estatal dentro de la búsqueda de desarrollo económico y social de los pueblos.

 Aunque economista que gozó de la confianza en los círculos financieros del FMI y el BM, hizo perder el sueño a no pocos gerentes bancarios que veían con malos ojos su propuesta de gravar con un impuesto internacional al capital financiero especulativo por considerar que éste genera perturbaciones  y crisis económica.

 Durante la década de los 80 la llamada Tasa Tobin se sometió a un amplio debate mundial. Los países subdesarrollados, atrapados en medio de la crisis de la deuda externa desatada en 1982, mostraron interés por tan novedosa y oportuna propuesta, salida por demás de las ideas económicas de un hombre del sistema.

 Tobin tomó el pulso al crecimiento de los flujos de capitales que se  desplazaban –como golondrinos- de un país a otro en busca de altas tasas de interés que representaran ganancias superiores.

Tobin tomó el pulso al crecimiento de los flujos de capitales que se  desplazaban –como golondrinos- de un país a otro en busca de altas tasas de interés que representaran ganancias superiores.

 Tobin vio a distancia la irrupción violenta y creciente del capital especulativo dentro del escenario de la economía mundial, situándose por encima de las operaciones comerciales de bienes y servicios.  Hubo gerentes  y economistas neoliberales que llegaron a considerarlo como un necio, un infiltrado.

Paul Krugman, premio Nóbel de Economía 2008, ha expresado, con gotas de nostalgia, lo siguiente: “Echo de menos a James Tobin, y lloro no sólo su desaparición, sino la desaparición de una era en la que los economistas con una decencia básica como la suya podían prosperar, e incluso influir en la política”.

 
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